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Observando a la gente que viene a mi consulta, soy sacando mis propias conclusiones

Suma sacerdotisa

        Si nos diésemos cuenta de que todo el poder para ser felices o ser desgraciados está en nuestra mente... otro gallo cantaría. 

      Hay gente en extrema pobreza que es feliz, y hay ricos podridos, que sufren de soledad y depresión, porqué? porque todo está en la mente. 


     Sólo hay que desbloquearla, , no criticar o juzgar, no dejar que nadie nos pise, ni pisarnos nosotras mismas, perdonar siempre, enviar luz a quienes nos hacen daño, dejar de mentir y mentirnos, y buscar siempre lo positivo en todo.


      Si por las mañanas te despierta ese vecino con la música a tope, o la vecina gritántole al hijo que llega tarde al colegio... Y de repente una mañana te despierta un pajarillo cantando, fíjate en ese pequeño detalle, escríbelo en una libreta. Y así cada día... olvida lo malo, y ve escribiendo las pequeñas cosas que te alegran el día, esa mariquita que se ha posado en la planta de tu ventana, el sol radiante, o la lluvia que riega los campos y que hace que huela a hierba mojada, la sonrisa del niño que se cruza contigo en el parque... todo, escríbelo. Llena tu vida de cosas buenas, usa tu energía para crear la magia diaria, que te llene de alegría cada día más. No la uses para el mal, y luego te quejes de lo que te llegue. EN ESO SÍ QUE ESTÁ LA MAGIA, no en los libros de brujas, ni en les películas de aventuras. Cada minuto de vida hay que apreciarlo. 


       Yo se lo digo a mis clientas y clientes, que ven fantasmas donde no los hay, que si tengo maldiciones, que si me han hecho... Y tú qué? estás libre de pecado, la culpa es siempre de los demás?, venga ya...!!!! Donde ellos ven un problema, yo veo diez o doce soluciones. 
No dejeis que se os pudra el corazón, ni se os pase la vida en quejas, hay que pasarla bien, que si no tenemos para comer salmón ahumado, un poco de brócolis tampoco está tan malo, y si no tenemos para vestir de lujo, pues los vaqueros esos viejos que han cogido la forma de nuestro culo y nos quedan como una segunda piel. 


 QUE SEAIS FELICES, POS PIJOOOOOOOOOOOOO

Encuentros, bueno, sólo una muestra, por que hay cientos

Podría nombrar tantos... he visto una señora vestida de azul y malvas, con un vestido precioso largo y antiguo en casa de mi madre, entrando a la cocina. Luego entré yo para prepararme un café y era dejar la taza sobre la encimera, y caerme a los pies, así lo hizo con dos tazas, hasta que le dije que no moviera más cosas, que ya sabía que estaba ahí, y que me dejase tomarme el café, porque no podría hacer nada por ella.

Otro día, estaba en el salón, hablando por el móvil, cuando de repente vi a otra señora vestida como de los años 40 o así, con una rebequita marrón, mirándome, apoyada en el mueble, del susto grité y se evaporó.

Un hombre, o mejor dicho, como su sombra, porque no se le podía distinguir bién, alto y delgado y con un sombrero como los que usan los gansters en las películas, paseaba también por la casa de mi madre, le veía entrar a su cuarto a hurtadillas, o a la cocina, pasaba como una exhalación, o se asomaba detrás de mi cuando me miraba al espejo. Éste sí que un día me agarró por los tobillos y me subió con tal fuerza que me dejó colgando cabeza abajo como una crisálida. Del susto, pensé que se me pararía el corazón, no pude ni gritar, pero pateé, y lo más gracioso es que noté como si diera con el pie en un costado. En ése momento desapareció y caí a la cama.

En el piso que compartía con un amigo, me solían tirar del pie mientras dormía, o del pelo, o me tiraban las sábanas al suelo. Era rara la noche que me dejaban dormir del tirón. Y una noche hicieron explotar las bombillas del cuarto, tanto la de la mesilla, como la del techo. Así que encendí una lámpara de sal que tenía en el suelo. Y vi que la bolsa de viaje que había dejado en un butacón que había dentro de la habitación, se movía como si hubiese un gato dentro, y la cremallera se abría lentamente. Metí las manos dentro y estaba ardiendo, así que la volteé y les dije que cogieran lo que quisieran de la bolsa y me dejasen en paz. Me senté sobre la cama mientras veía moverse objetos a mi alrededor. Y en ese momento algo me agarró los tobillos y tiró con fuerza hacia debajo de la cama. Dí un salto y salí al pasillo y allí había una niña pequeña, que, conforme hablaba, me zumbaban los oídos. Me harté de llorar por no poder hacer nada por ella. Aún no estoy preparada para escucharles o no quiero, por eso me zumban los oídos cuando me hablan.

Bueno, y así, cientos de encuentros, o noto como se sientan a mi lado en el sofá, e incluso se hunde o se mueven los cojines, o mueven un objeto para que me de cuenta de que están ahí, o me tocan la cara, étc... he aprendido que si mantengo la vibración alta, no los veo, así que me obligo a no bajarla. En cuanto me deprimo o tengo un episodio de estrés fuerte, empiezo a verles de nuevo. Y como no me gusta, prefiero saber que están ahí, intuirlas, pero no llegar a verles. Ellos saben que yo puedo verles, creen que les puedo ayudar a cruzar al otro lado y claro... se me pegan. Ésto no me hace gracia, así que, lo siento, pero el muerto al hoyo y el vivo al bollo. Nooooo, ellos ven como una luz que emito y vienen a mí, las criaturas están perdidas entre dimensiones, pasan miedo, pero sólo pueden mirarnos, no les queda otra, hay que tenerles más pena que miedo, la verdad.

Una niña rara...

    No recuerdo cuándo fue la primera vez que vi a un espíritu, imagino que desde bebé estarían rondando mi cuna. Constancia no tengo pues hay muchas lagunas en mis recuerdos infantiles. Sí que recuerdo jugar a peinar o vestir a mis muñecas mientras otras niñas hablaban conmigo en mi cuarto. Era tan natural... no necesitaba salir a la calle a jugar o ver la tele. El caso es que cuando mi madre me decía que saliera a jugar afuera con las niñas, prefería quedarme "sola" en mi cuarto. Mis hermanas son mayores que yo, y alguna vez se reían de mí, cosa que me hizo más introvertida.
    Un día, conforme iba siendo más mayorcita, me di cuenta de que mis "amigas" sólo las veía yo y que pensarían que estaba loca. Así que cuando venían, yo miraba para otro lado y les decía que se fueran de allí. Cerré mi mente al darles la espalda, aunque nunca me dejaron.
      Cuando mis hermanas se iban casando y se fueron de casa de mis padres, me quedé con aquel cuarto gigante para mi sola. Y claro, al estar sola, las llamadas de atención de mis fantasmas se hicieron más patentes. Golpes en la pared, en los muebles, arañaban las paredes, que estaban empapeladas, abrían cajones, armarios, escondían mis zapatillas, encendían las luces de mi cuarto en mitad de la noche, y,  a veces me tiraban de las sábanas o del pelo. Y claro, comencé a tenerles miedo. Los que eran mis amigos, de repente, no dejaban de molestarme. Pasé años así, y sobre todo en la adolescencia, que fue horroroso. Tenía mucho miedo por las noches. Creo que se lo conté a alguna amiga, pero me decían que estaba loca, así que me lo iba quedando para mí.
       Con quince o dieciséis años, murió mientras dormía una tía de mi madre. La pobre, no le dio tiempo a despedirse, y tenía problemas con única hija, que le había estado dando la espalda durante muchos años. Y de repente, mi Tía Encarna, empezó a aparecérsele, tanto en sueños, como despierta. Y cuando la hija venía a casa de mis padres, todos sentíamos un abrazo, y veíamos moverse la cortina,  olíamos un extraño aroma de flores o rosas, y cosas así. Su hija tenía mucho miedo y le puso velas, altares, llamó a videntes y para-psicólogos... pero hasta que ella no quiso irse, o arregló sus asuntos pendientes, no hubo nada que hacer. Nosotros, mis padres y yo,  no teníamos miedo, al contrario, nos daba gusto pensar que mi tía estaba con nosotros. Creo que ese fue el primer contacto que he tenido y que no me hizo sentir mal. Lo recuerdo como algo alegre y digno de contar.
       A partir de ahi, empecé a verles con el mismo miedo que pena, por que ellos están ahi y no pueden hacer nada, sólo mirarnos, aunque eso no quita que me diesen cientos de sustos.